“Cuando lleguen a un pueblo o a una ciudad, busquen a alguien que merezca su confianza, y quédense a vivir en su casa hasta que se vayan del lugar. Cuando entren en esa casa, saluden ofreciendo la paz a todos los que vivan en ella. Si merecen la paz, la tendrán”.

Mateo 10:11-13a

¿Les ha pasado alguna vez que han leído un texto bíblico y les ha recordado exactamente a alguien? ¿Como si la cita tuviese nombre y apellido? Eso me pasó recientemente, al estar preparando un conferencia para pastores, y leí Mateo 10:11-13a, Ivy y José de Adjuntas, Puerto Rico, son esas personas que me recuerdan este pasaje.

Mi esposo Billy y yo los conocimos un fin de semana en el que íbamos a ministrar en su iglesia. Ella estaba algo nerviosa porque nunca antes había tenido a alguien hospedado en su casa. Pero, al llegar y ser recibidos por ellos con tanto amor y dedicación, nuestros corazones se enlazaron para siempre en una sincera amistad. La habitación, tan hermosamente dispuesta, testificaba sin palabras lo que es servir a los demás, como si lo hicieses para el Señor (Colosenses 3:23). No solo sus atenciones, sino también su comida y conversación grata son un verdadero testimonio de gente que ama a Dios y que sirven al prójimo tan desprendidamente. Es por eso que su familia siempre ha sido cuidada tan tiernamente por el Señor. Ivy y José, en un tiempo difícil, donde el don de la hospitalidad es escaso y se ve amenazado con desaparecer, han decidido responder a ese llamado del Señor con todo su corazón… “porque puede ser que al hospedar a siervos y siervas de Dios, en realidad estén hospedando ángeles” (Hebreos 13:2).

Los amo amigos míos, hoy los honro y doy gracias a Dios por sus vidas y sus ministerios.

Con amor,

Mari